Aferrada a tu voz
que se apega a tu oído
que su oído abraza
y en el silencio externo
se esconde con el aire.
Va entonces a tu mirada
que ilumina su ceguera
que a sus pasos encamina
y en la luz externa
se confunde con el día.
Va entonces a tu risa
que ondula liberada
de ribetes falsos
que a sus labios imaniza
y que conmina en el trayecto
a carcajada derretida.
Se deja luego ir
en el magneto del respiro
en la aleasión etérea
de tu luminosidad y de su abismo
y en la candidez de la alegría y el embozo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada