(Al que mira y no se atreve)
Si en la palma de tus manos
existe la línea
que une nuestras miradas,
déjame encontrarla
en el simple roce
de un saludo.
Deja que se funda
la algarabía de la risa
con el eco del silencio
que nos acoge y nos protege
en el andar de la urbe cotidiana.
Deja que mis pasos
sigan tu huella
sin que se pierdan
en el centro de ellas.
Verás
el taconeo será expectacular.
Deja que tu beso
se pierda sigiloso
en el rojo apasionado
de mi risa y de mi voz.
Y sabrás entonces,
por que el color se esparce
del tenue lila discoteque
al bermellón de tu sangre
que te quema y pulveriza.
Deja!
deja por una vez tan solo
que nuestros aires se liberen,
se confundan y mimeticen
como la noche y el día
en el ocaso y en el orto.
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1 comentarios:
Primera visita a blogger y me encuentro con tus poemas. Bonitos y románticos. Claro que aquel que termina en el "orto" lo encontré divertido. El del hombre triste no sé si no entiendo nada o es na' que ver.
Bien de todas maneras y continúa.
Nax.
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